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EL PATÓLOGO GENERAL: ¿UN ESPECIALISTA EN VÍAS DE EXTINCIÓN?

¿Qué hace distinto a un médico general de un especialista? Creo que el “especialismo” y el “generalismo” definen en primer lugar estados de la mente y, en segundo lugar, ocupaciones. El “generalismo” desafía cualquier descripción fácil porque los médicos generales habitan un mundo abarrotado y desordenado. Los médicos generales son incluyentes y hospitalarios. Saben mucho de muchas cosas. […] El “especialismo” significa crear una visión delimitada del campo de juego. Los médicos especialistas se han convertido en los héroes –al estilo de Héctor y Aquiles–, guerreros de la tecnología en la batalla por la salud. 

Richard V. Lee. The broken branch: Darwin’s evolutionary tree and the progress of Medicine, the evolution of specialism and generalism, 2013

Este blog de la nueva página electrónica de la Federación de Anatomía Patológica  de la Respública Mexicana A. C. pretende poner sobre a mesa temas relacionados con la práctica cotidiana de nuestra disciplina sobre los que valga la pena reflexionar y sacar así algún provecho para la comunidad. Por ello, todos los comentarios serán buenvenidos y se podrán plasmar al final de cada texto.


Hoy deseamos comentarles una inquietud generada en una percepción reciente de la que no sabemos sin es aislada o más o menos generalizada. Se trata de lo siguiente: cada vez con mayor frecuencia, en especial entre los oncólogos médicos y quirúrgicos jóvenes que se van incorporando a las diferentes ciudades del país, emana una especie de desconfianza hacia los patólogos generales. De pronto escuchamos de su boca que “ya no damos el ancho” y que urge la presencia de “oncopatólogos” más duchos en el análisis de las citologías, biopsias y piezas quirúrgicas, así como en la elaboración de informes de patología que reúnan todos los estándares internacionales y, sobre todo, que llenan por completo sus expectativas para proceder al tratamiento con garantías plenas. Esta situación se extiende también a otras ramas de la patología, como la dermatopatología y muy especialmente la hematopatología, por citar algunos ejemplos.


Insistimos: no sabemos si lo anterior es una experiencia aislada (que de ser asi no merecería por el momento mayor atención de nuestra parte) o se trata de algo mucho más frecuente que invita al menos a algunas reflexiones. Concedamos que nos enfrentamos al segundo supuesto.


Nadie discute que los patólogos generales necesitamos una formación continua. Que nuestra disciplina cambia con creciente rapidez merced a los avances científicos y tecnológicos y que, por lo mismo, debemos adoptar una actitud atenta y procurar ponernos al día. También creemos que, con las herramientas que nos proporcionan las actuales tecnologías de la información y la comunicación y la asistencia a algunos congresos de buen nivel académico, podemos actualizarnos con relativa facilidad. Tampoco negamos que, en algunos casos, la ayuda de los expertos en ciertos campos de la patología es indispensable.


Pero de eso, a vernos obligados a la subespecialización forzada so pena de ser relegados a limbo de la indiferencia, la conmiseración e, incluso, al trato despectivo, hay un abismo. Es verdad que la oncología se ha convertido en una disciplina cada vez más compleja (como le ha sucedido a casi todas las ramas de la medicina) y que hoy exige de sus profesionales no sólo conocimientos clínicos y terapéuticos especializados, sino también el dominio de las bases moleculares que hoy representan la frontera del conocimiento de la carcinogénesis. Pero también es verdad que este avance se originó primero en los laboratorios de investigación, especialmente en los laboratorios de patología experimental y, poco después, en los de patología diagnóstica como los nuestros.


De modo que para la mayor parte de los patólogos generales no nos son ajenos esos adelantos. Además, somos capaces de dialogar con los oncólogos al mismo nivel y, en no pocos casos, les podemos ofrecer con nuestro trabajo la información que nos exigen y necesitan, ya sea en nuestros propios laboratorios o derivando los tejidos con aquellos colegas que disponen de las técnicas necesarias. Al fin y al cabo el estudio de los tumores siempre han sido lo nuestro.


Reiteramos que no menospreciamos la imporante labor que realizan los subespecialistas en patología oncológica y de otras subespecialidades. Con frecuencia les solicitamos orientación y aprendemos a elaborar con ellos informes de patología más completos y actualizados. Pero, ¿no es inquietante sentir que ser patólogo general ya no es suficiente?

¿O usted qué opina, estimado colega?

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